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Para obtener entornos de sistemas altamente integrados existen sólo dos opciones: - Que todo el mundo use la misma tecnología del mismo fabricante
- Que existan interfaces técnicos y estándares preestablecidos para la interacción entre sistemas
La primera opción conlleva a atarse a un determinado fabricante y a lo que dicho fabricante quiera o pueda aportarnos. Esta opción planteará, antes o después, serias limitaciones en cuanto a competitividad de las soluciones aportadas, funcionalidad de las mismas y capacidad de migrar desde dichas soluciones a otras competidoras cuando la solución aportada por el fabricante original ya no satisfaga al cliente. La segunda opción se basa en que habiéndose establecido unos interfaces y formatos, esto es unas normas de intercomunicación comunes y disponibles para cualquier proveedor del mercado, sea posible combinar componentes o sistemas de distintos fabricantes de forma que todos ellos cumplan con dichas normas comunes: los estándares. Lo que se logra gracias a estas dos tendencias es la interoperabilidad entre componentes y sistemas. Sin embargo, la primera opción deja de ser válida cuando la interacción entre sistemas se pretende establecer entre organizaciones distintas e independientes. Es, por ejemplo, el caso de distintos organismos gubernamentales de distintos países. Un ejemplo: ¿sería legítimo y/o factible que un ministerio de transportes de un país imponga qué infraestructura y fabricante tecnológico ha de implantar el ministerio de transportes de otro país para que así puedan intercambiar información sobre vuelos, trayectos ferroviales, transportes marítimos y/o tráfico vial? Generalmente, si ambos países cuentan con tecnología y empresa propias para llevar a cabo esas implantaciones, siempre intentarán imponer su propia tecnología al vecino. Y generalmente, pensemos en Brasil por ejemplo, ese vecino tendrá muchos más vecinos que a su vez que cada uno querrá imponer lo suyo al resto. Y así sucesivamente hasta llenar la cadena de relaciones de transportes mundial. Esta situación kafkiana se puede perfectamente extrapolar a nivel regional, local, continental, e, incluso, empresarial y social, y para muchas más facetas de la relación humana. Así, se llega a la conclusión de que la única solucion viable, en este mundo interconectado donde cada vez más las soluciones particulares de cada "casa" se acaban quedando "sólo en casa" y acaban necesitando interactuar con el entorno global, es la segunda solución que se plantea: la interoperabilidad basada en estándares, de manera que nadie pueda imponer a sus vecinos ni productos, ni soluciones, ni regalías. Pero no sólo eso, el hecho de que los posibles estándares elegidos estén sujetos a regalías (patentes y derechos de autor básicamente) y a condicionantes de sus propietarios que lleven a discriminar entre unos actores y otros del mercado, de la política y de la sociedad mundial, impone que la interoperabilidad sólo puede ser lograda globalmente si se lleva a cabo mediante estándares abiertos. Llegamos pues a la definición de interoperabilidad, que es el uso de los estándares abiertos para lograr la interacción de cualesquiera sistemas y componentes informáticos y telemáticos que soporten esos estándares para llevar a cabo así una o varias determinadas tareas. |